miércoles, 18 de febrero de 2015

Monólogo:Lazarilla del siglo XXI

El último inspiro
(Se abre el telón;en el escenario aparecen en coro unas pocas sillas que representan una reunión de enfermos terminales, delante de una de ellas,preferiblemente la que se vea mejor de frente, se encuentra de pie la protagonista,una mujer de mediana edad sostenida por un bastón con tuvos que salen de su nariz y sus muñecas.)(Con voz seca).
-Ya me han explicado como va esto-(Se dirige a los otros enfermos que comparten su misma situación.)-así que comenzaré contandoos mi historia.(Pausa.)
-Me llamo Lena,nací en España(1980)y tengo treinta y seis años. Mi madre era meretriz y se quedó embarazada por accidente de uno de sus clientes.Como no podía mantenerme,nada más nacer me dejó en un orfanato,por lo que me crié allí. Como no era mona y carecía de encanto nadie me adoptaba, así que me metieron de ayudante en un convento;allí aprendí las actividades de la casa y me formé culturalmente.
-Años después escapé de allí,pues si protestaba de algo me molían a latigazos, y,os aseguro que en todo el convento fuí la que más recibí.-(Se ríe con amargura.)
-Después llegué a la ciudad con pocas provisiones y me metí a trabajar en cualquier oficio de provecho. La vida no me iba mal la verdad,hasta que me enamoré,¡maldito amor!-(Se dijo a sí misma)-Nada más embarazarme él me abandonó, pero decidí tener el bebé ya que podía mantenerlo,cosa que mi madre no pudo pero que le hubiera encantado,o eso ponía en la nota que me dejó al abandonarme,lo único que poseo de ella; por ello no le guardo rencor,al menos me dió la oportunidad de vivir.(Suspira.)
-Tener aquel bebé dió un giro a mi vida,pues se convirtió en lo que más quería. Dos meses después mi pequeña se durmió y no volvió a despertarse.Lo que me destrozó la vida;desde ahí empecé a drogarme y a fumar paquetes de tabaco a diario.
-Una mañana amanecí bebida en un callejón sobre bolsas de basura, aquella noche soñé con mi hija,y por ella me metí durante dos años,voluntariamente,en un centro de rehabilitación.
-Después viví una vida plena,trabajé mucho, viajé por todo el mundo...
-Hasta que hace un año me diagnosticaron distrofia muscular,los médicos me han confesado que ya sólo me quedan pocas horas.Pero en realidad no me queda nada,pues siento que ha llegado.(Refiriéndose a la muerte.De repente las pupilas de la mujer se ensanchan y cayendo al suelo inspira por última vez).

sábado, 14 de febrero de 2015

Yo y Garamendi(Diálogo).

YO Y GARAMENDI
Tras el robo,el señor Garamendi enfadado y desesperado fue a mi casa y sin darme cuenta apareció en mi alcoba:
-¡Usted rata roñosa! Una sola encomienda le pedí,¡una sola! Y nada más llegar a mi casa,veo todo mi imperio desmoronado:años de trabajo,noches en vela,la aceleración de las canas,caída y pérdida de pelo… Solo porque usted,ser ingrato,no realizó bien mi encomienda pues se pasa el día emperezado.
Me quedé estupefacto,estaba en un estado pusilánime; las facciones de su cara padecían un rojo extremo que expresaba pura furia.Con miedo y nerviosismo hablé con voz atiplada:
-Tampoco me eche a mí la culpa,fue usted quién me dió esa encomienda engorrosa.Además,¡Tampoco se habrán llevado tantas cosas!
-¿Cómo osa desdeñar mis pertenencias?Con los favores que yo le hecho.Y razón mucha le falta,pues se han llevado hasta la bandejita bañada en metal blanco que me regaló usted;por lo que podemos descifrar que el ladrón era zopenco.
Empecé a ponerme colorado…
-Por su culpa mi señora me ha dejado,pues han robado todas sus pertenencias;¡y las mías!
Excepto esto,puesto que me aseguré de que permaneciera bien escondido.
Lentamente del bolsillo de su chaqueta sacó un revólver;su metal negro brillaba tanto como como la misma luz,y, lo envolvían finas y pequeñas figuras abstractas forjadas en oro y plata.
Al parecer se gastó su fortuna en aquella pieza,exquisita y única.
Justo antes de que el temor y la angustia llegaran a alterar mi físico,le ví congiendo con las dos manos el pesado arma,pero solo escuché un estruendo e instantaneamente el dolor atravesó mi pecho.Caí.
-Una vida sin posesiones es una vida sin felicidad.¿Para qué quiero una vida infeliz?-Se convencía el asesino.
Cogió su arma perfecta y cargada,y se dijo a sí mismo:“solo una pieza tan valiosa como esta puede terminar con un hombre de mi linaje”.


Lo último que el señor Garamendi recordó fue dinero,joyas,piedras preciosas...Pero llegó el destripador sonido y después el inconfundible dolor de la muerte.